II Palco principal

Muy buenos días a todos. Hacía mucho tiempo que no escribía por la mañana. El frenético día desemboca en momentos robados a la noche para poder dedicaros un poquito tiempo. Por eso, hoy que me han dado el día libre, no he querido perder la oportunidad. Tengo la agenda del día de hoy casi planeada al milímitro, pese a que este miércoles se presentaba tranquilo. Media agenda dedicada a la literatura y la otra media a liberación social, trabajo y ocio, todo necesario.

Empiezo el día compartiendo con vosotros el segundo capítulo de Sabor a cayena y a miel, se titula Palco principal. Antes de dejaos disfrutar del mismo, agradeceos los comentarios del primer capítulo. Me alegro de que os gustara y os despertara la curiosidad para seguir leyendo. Ya no me enrollo más.Disfrutad de la lectura. Feliz día.

amacrema

                                                 II. Palco principal

−Estoy empezando una relación− espetó a sus hijos. Llevaba tantos días deseando contárselo que sus palabras salieron como dardos encendidos. –Sé que tal vez no esté del todo bien, que está muy cerca el fallecimiento de vuestro padre y que no tengo edad para ello, pero tengo que decir que yo no buscaba nada de esto. De repente, un día, sentí que me había vuelto a enamorar, que empezaba a tener de nuevo ganas de verme guapa por la mañana.

Sus hijos la miraban sorprendidos, más por el desconocimiento absoluto de todo ese asunto que por que su madre hubiera empezado una relación con setenta años. Carla, la mayor, tomó a su madre de la mano. La veía emocionada.

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−Mamá, deja de sentirte culpable. No puedes sentarte en el sillón del comedor viendo telenovelas y esperar a que llegue tu turno. Es normal que quieras seguir viviendo, disfrutando de la vida, viajando, pintándote los labios cada día, como has hecho siempre. El negro no te sienta bien, te hace demasiado flaca.

Ramiro y Cristóbal no decían nada. Ramiro jugaba con el pequeño Gonzalo. Apenas lo veía. Era el inconveniente de vivir cada hermano en una punta del país. Cristóbal proyectaba su mirada hacia el suelo. Pensaba que debía sentirse furioso con su madre. Aún echaba de menos a su padre y aquella situación lo enterraría para siempre.

−Necesito vuestra bendición, vuestro visto bueno. Al fin y al cabo todo va a terminar saliendo a la luz pública. No será una simple relación de vuestra vieja madre, va a ser una bomba mediática.

−¿Y tú lo has pensado bien, mamá?− la interrumpió Ramiro. –Nosotros nunca hemos pertenecido a ese mundo y ahora verá tu vida expuesta a todo el país. Tienes que valorar si te compensa. Si nos compensa a todos.

−No seas injusto, Ramiro. Nadie va a interesarse por tu vida. Se interesarán por mamá, claro, por saber quién ha ocupado el corazón del presidente del gobierno. De todos modos no entiendo por qué la vida privada de este presidente ha acaparado tanta atención. Creo que esto no ha ocurrido nunca, ¿no?

−Por eso lo digo, Carla. Mamá pasará del anonimato a salir en las portadas de toda la prensa del corazón. Y, con el tiempo, querrán saber quiénes somos nosotros, a qué nos dedicamos, nuestro pasado, nuestras…

−¡Vale ya!−gritó María. − Parece que habláis de mí como si yo no estuviera. Tan solo quería contaos mi relación, preguntaos si vais a poner alguna pega a que nos veamos, no que auguréis cosas que pueden pasar en el futuro. Al fin y al cabo su vida pública es algo que debo aceptar al querer estar con él –respiró con profundidad antes de continuar−. De todos modos, y para que estéis tranquilos, al menos de momento, su jefe de prensa le ha dicho que llevemos la relación lo más privada posible, no quieren que una relación sentimental le haga perder votantes.

−No creo que dejen de votarle porque haya decidido compartir su vida contigo –le dijo Carla a su madre apretándole el brazo. Volvía a ver a su madre radiante. Observó que había vuelto a hacerse la manicura. Hacía varios meses que parecía haberse cansado de verse guapa.
−Sé feliz, mamá. Te lo mereces – sentenció Cristóbal. – Carla tiene razón, que te hayas quedado viuda no te condena a esperar la muerte. Ilusiónate, haz planes, vive.

amacrema

(Capítulo II, Sabor a cayena y a miel, tercer finalita del III certamen relato corto Villa de Socuéllamos)

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