IV Té verde con lima

¡¡No penséis que me he olvidado de vosotros!! Porque para nada. Todos los días recuerdo que tengo una blog y unos lectores que se preguntan qué me ocurre para que haya desaparecido. Simplemente he tenido una crisis horrible pensando que escribo y publico para mí sola, cuando me he dado cuenta de que no es así. Así que aquí está mi nueva publicación. Un nuevo capítulo de la historia Sabor a canela y a miel que tiene un delicioso título: Té verde con lima. Creo que lo que más disfruté de este relato fue titular cada uno de los capítulos en los que distribuí la historia.

Y este capítulo, como no puede ser de otra manera, se lo dedico a mi nueva amiga Mercedes, todo un descubrimiento en mi vida quien me ha animado a continuar publicando esta historia y en el blog. Lo mejor de esta vida (y de mi trabajo) es ir encontrando a nuevas personas que te van aportando nuevas ideas y experiencias. el aprendizaje por la vida como diría Pío Baroja.

¡¡Que lo disfrutéis!! No olvidéis compartirme. Ya he visto lo que ha ocurrido con un monigote llamado Nico, que está viajando por el mundo como así reza su lema. El mensaje está dedicado al peligro que tiene colgar imágenes en Internet, mensaje para los adolescentes quienes cuelgan su privacidad desconociendo las consecuencias. Pero yo me quedo con el lado positivo: todo lo que se cuelgue en Internet es como si lo soltáramos desde un avión. No sabemos su alcance, pero lo que sí está claro es que, también para bien, está al alcance de todos y nunca se sabe quién lo leerá. Así que… ¡compartir mi relato! Pero sobre todo compartir conmigo vuestras sensaciones tras su lectura.

Un abrazo.

IV. Té verde con lima

Resultado de imagen de te verdeCarla llegó muy temprano. Parecía estar más nerviosa que su madre. Era evidente que a partir de ese día la vida de su familia iba a cambiar. Abrió con sus propias llaves, a fin de cuentas aquella seguía siendo su casa. Se escuchaba caer el agua en el cuarto de baño del dormitorio principal. Su madre se duchaba. Entró en la cocina y se sirvió un café recién hecho. Cuando cesó el sonido del agua subió al cuarto de su madre.
María no la había oído llegar. La vio a través del espejo y le sonrió. Estaba radiante. Sus ojos brillaban como dos diamantes en bruto. Tomó con las yemas de los dedos algo de crema hidratante y se la puso en el cutis con cuidado de no irritarlo. Ese día iba a ser oficialmente presentada al mundo entero.
−Tráeme un té, hija− pidió tragando saliva, −por favor.
Necesitaba algo de tiempo para pensar. Para reflexionar sobre toda su vida. Una vida dedicada en cuerpo y alma a su familia. Parecía que había llegado su momento. La imagen que observaba en el espejo le gustaba. De repente, había dejado de sentirse la vieja arrugada de los meses pasados. La viudedad la había abandonado a su suerte. No quería estar fea. Nunca lo había permitido. Debía resaltar sus rasgos hasta el final. Se perfumó bajo las orejas y en las muñecas. Se pintó los ojos con colores neutros, lo justo para resaltar la mirada, pero que no se notara el exceso en demasía: «El maquillaje nunca se debe notar, eso sería vulgar», le decía su madre. Perfiló sus labios y los rellenó de color. Se sonrió a sí misma envolviéndose en cientos de arrugas de expresión. De expresión gozosa, no cabía duda. La vejez era la actitud, y ella no se sentía vieja. Sabía de sobra que no se sentaría en un sillón a esperar la muerte. Eso jamás. Necesitaba motivos para ilusionarse, nuevos planes y objetivos que la motivaran. Aquella nueva experiencia le daría lo que necesitaba. Empezaría a exponerse a las cámaras, a las críticas, a la opinión pública, pero ese era el precio que tenía que pagar. A fin de cuentas, con setenta años, por mucho tiempo que quisiera ser, tampoco pasarían otros setenta, ¿no? Volvió a sonreírse. Estaba más deslumbrante que nunca.

amacrema

(Capítulo IV, Té verde con lima, en Sabor a cayena y a miel, tercer finalista del III certamen de relato corto Villa de Socuéllamos)

One comment

  1. Mercedes Gomez Masip says:

    Mi querida nueva amiga Amacrema ,
    tu dedicatoria me ha llegado al corazón, me alegro tanto de haberte descubierto y qué sorpresa es ese talento que tienes para la escritura. Sigue así, mantén a tus lectores siempre intrigados y ya tienes una nueva adepta.
    Besos.

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