EL MISTERIO DEL BRUJO DE LAS TRES MIL FLORES (16)

EL MISTERIO DEL BRUJO DE LAS TRES MIL FLORES (16)

mayo 31, 2016 0 Por amacrema

¡¡ Ya podemos disfrutar del capítulo número 16 del cuento de El misterio del Brujo de las tres mil flores!!. Espero que disfrutéis de este nuevo capítulo. Y recordad compartirlo para que llegue a más lectores y pueda ser leído por todos.

¡¡ Muchos besos !!

Capítulo 16

 

el misterio del brujo 16Carolo empujó con todas sus fuerzas el armario de la princesa hacia la ventana. Tenía la intención de retrasar la entrada de aquella gran Serpiente el tiempo necesario. O, mejor aún, desviar sus pasos hacia otra estancia. Todos los criados excepto Pepín corrieron a ayudar al valeroso caballero. Buscaron todos los grandes objetos para dificultar aún más la entrada a aquel lugar. Pepín aprovechó para correr a buscar las armaduras guardadas en las mazmorras del castillo y varias espadas que pesaban un horror. Arrastró todo aquello con dificultad por los corredores del castillo. Apenas quedaban ya criados en las diversas estancias. Todos corrieron a acompañar al Rey en el horrible trance.

El caballero consiguió su cometido y la enorme Serpiente continuó su camino hacia la ventana siguiente. Pepín llamó la atención de todos con el escándalo de las armaduras. Las dejó en la entrada del aposento de la princesa y llamó con prisa a Carolo. El valeroso caballero se echó a temblar. Hacía mucho tiempo que no luchaba con tan gran importancia y para tal fin. Cogió una de las armaduras y se vistió cubriendo su cuerpo de aquel frío y pesado metal. Pepín hizo lo propio con el otro. Y ambos caballeros corrieron hacia la dirección en la que se encontraba la Serpiente.

Todos los allí presentes, incluyendo el triste Rey, observaron a aquellos valientes hombres enfrentándose a su destino. El Rey admiró el valor de su fiel criado y  sintió no tener la juventud necesaria para unirse a ellos. Miró de nuevo a su fría e inerte hija. Recordó a su madre en la misma posición. Aquel día no hubo nadie que luchara por ella, tan solo el miedo hacia una enorme Serpiente blanda hizo que falleciera a los pocos días.

El brujo recitaba algo con los ojos cerrados. Parecía evadir a todos los que seguían en el aposento de la bella princesa. Apretaba el puño con fuerza sobre la cara de la princesa. Después, como por arte de magia, la bella Leonora entreabrió los labios y el brujo dejó caer en el interior de su boca un líquido azul. El brujo abrió de nuevo el puño y dejó caer al suelo el pequeño tallo de la flor. Se retiró y se desplomó en el sillón que aún permanecía junto a una oculta ventana. Estaba agotado.

La gran Serpiente se deslizó por la ventana del Gran Salón. Las velas se apagaron de inmediato al sentir el frío y el viento que traía consigo el espantoso monstruo.  El cuadro de la abuela de la princesa Leonora cayó al suelo produciendo un estrepitoso ruido.

Carolo apareció ante ella vestido con la armadura y empuñando valiente la espada. No le temblaba en absoluto el pulso. Estaba espantado, pero disimuló todos sus miedos y se acercó a la Serpiente con el fin de derrotarla. Pepín se mantenían en un segundo plano. También vestía su armadura y portaba la espada. Sin embargo, al ver a la monstruosa Serpiente tan cercana no pudo evitar un gran pánico.

El valeroso caballero subió al lomo de la Serpiente, a pesar de los movimientos de éste por evitarlo, y le clavó con saña la espada. Empezó a salir una sangre verde desagradable, muy viscosa y maloliente. La Serpiente lo aprovechó para tirar al suelo al caballero y aproximar su boca para morderle. Carolo se vio arrinconado, sin posibilidad de huir ni de salvarse. La Serpiente se acercaba a él de forma tranquila y sigilosa. Parecía que la herida, a pesar de que no paraba de sangrarle, no le producían ningún dolor. Acercó su cabeza al cuerpo del caballero todo lo posible. Carolo pudo oler su apestoso aliento.

− No debisteis liberar al brujo.

Las primeras palabras de la Serpiente les sorprendió y el eco se escuchó por todo el castillo. Desde el aposento de la princesa pudieron escuchar la voz proveniente del gran Salón y todos se echaron a temblar. Todos menos el brujo, que parecía dormir plácidamente en el sillón, como si hubiera hecho un gran esfuerzo físico.

Carolo empezó a temer seriamente por su vida. La Serpiente parecía jugar a ponerle nervioso. Lo tenía a sus pies y el caballero lo tenía muy difícil para escapar.  Fue entonces cuando al fin Pepín se armó de valor y volvió a clavarle la espada a la Serpiente. Esta vez lo hizo en su cuello con mucha saña. La Serpiente mucho más dolorida, se levantó y buscó a Pepín, ocasión que aprovechó Carolo para escapar.

Los dos valerosos caballeros corrían de allí para acá del Gran Salón huyendo de la enorme Serpiente malhumorada y buscaban un lugar donde pudieran estar resguardados. Aprovechaban cualquier descuido para volverla a herir. Tiraron todos los cuadros de las paredes. Se apagaron todos los candelabros. La mesa estaba destrozada y las sillas rodaban por el suelo sin piedad. Aquello era un auténtico combate. Todo parecía estar perdido porque ni Pepín ni Carolo sabían cómo acabar con la Serpiente.

Fuera, empezaba a menguar algo la fuerza de la lluvia. Caía ya una lluvia intermitente, pero débil. Ya pocos quedaban por volver a ocupar sus viejas casas. Las familias recuperaban felices sus antiguas pertenencias. Rodrigo vio su puerta abierta. Seguían martirizándole la idea de que él escondió la lluvia, perjudicando a todos sus vecinos. Miró con nostalgia los dibujos premonitorios que decoraban las paredes de su pequeño habitáculo y descubrió el libro en el suelo. En la imagen de la hoja observaba un hermoso jardín lleno de flores y de alegres animales. Era muy parecido al que él mismo había dibujado. Ese dibujo estaba descolgado, dejando al descubierto el hueco en el que había permanecido escondido aquel libro durante tantos años. Se dio cuenta de que era el brujo el que faltaba en esa imagen. Sabía que había salido de allí para devolverles el agua a todos los aldeanos.

Rodrigo pasó con cuidado la página del libro y descubrió un nuevo dibujo. Esta vez una enorme y horrible Serpiente amarilla se emergía en un tenebroso castillo, amenazando a todos los que allí se encontraban. Un par de caballeros intentaban luchar contra él, pero no conseguían combatirlo. Pasó una página más y descubrió cómo acabar con la temible Serpiente. Dejó a su familia boquiabierta y con el libro aún en la mano corrió hacia el castillo. Sabía que tenía que ayudarles, porque ellos antes lo habían ayudado a él.