PETER PUPPET (II)

enero 1, 2014 3 Por amacrema
Veinte historias, contadas en veinte cuadernos rústicos de tapa negra dura, le hicieron imaginar un mundo oscuro e intrigante que le ayudaron a pasar las duras tardes invernales de aquel frío internado norteño. Cada una de sus historias llevaba por título el del detective más aclamado de todos los tiempos: Peter Puppet, que no era más que él mismo al estilo anglosajón. 

Cada cuaderno seguía la misma estructura. Lo primero que hacía era cometer el crimen. El asesino siempre iba con la cara tapada y las manos con guantes. Después, Peter Puppet aparecía en escena y prueba a prueba iba desvelando todos los misterios de la trama. Cuaderno a cuaderno, Pedro Pelele asesinó a todos los niños del internado, a la maestra que con tanto odio los obligaba a hacer sus tareas y al horrible director del centro.

El señor y la señora Krupp habían sido mandados al centro de internamiento juvenil directamente desde Alemania. Los dos sufrían de gigantomaquia y de obesidad mórbida. Era difícil no tenerles miedo. 
Según el detective Peter Puppet ambos murieron envenenados a través de una hamburguesa doble gigante con huevo, beicon y pepinillos. El señor Puppet tenía muy difícil resolver este caso porque sus enemistades se extendían a doscientos kilómetros a la redonda. Todos los habitantes del pueblucho norteño eran sospechosos del horrible crimen. Ningún testigo vio nada ni nada apuntaba a la cotidianidad de los señores Krupp que alguien estuviera acechándoles. Tras las intrigantes páginas del cuaderno rústico de pasta negra dura, Peter Puppet descubre que fueron los excrementos del gatito Pato los que, azarosamente, fueron a caer a los kilos de hamburguesas que amasaban en la fábrica días antes de mandarlos al supermercado del pueblo norteño. La rapidez de Peter Puppet salvó la vida de muchos de los vecinos que habían planeado cenar hamburguesas de la fábrica alguna de las noches venideras.

Continuará…