FIN DEL VERANO

Cuando ya llegan estos días de septiembre todo se precipita: colas interminables en las librerías para adquirir los libros nuevos, las papelerías adornadas con carteras y estuches precintados, uniformes a punto, deportivas a estrenar. Le llaman “la vuelta al cole”. Y es también la vuelta a la normalidad. En verano dejamos a un lado horarios, obligaciones y buenos hábitos justificando que vamos a descansar. Son un par de meses de fiestas, comidas copiosas y bebidas llenas de azúcares que debemos desechar. Ha sido tiempo de reencontrarse con los amigos, de viajar, de disfrutar de la playa y del sol de la piscina. Pero ahora toca ya volver a la rutina.

En estos días también sorprenden las idas y venidas de estudiantes en las estaciones de tren. Los llantos en las puertas de embarque en los aeropuertos. Los reencuentros con los amigos de la capital que no hemos visto durante todo el verano. Volvemos a sacar maletas para regresar a los lugares de estudios o de trabajo. Un gran ajetreo de trenes y autobuses que llevan a algunos a retomar su vida invernal y a otros a comenzar nuevas aventuras.

Para muchos es depresivo, pero para otros es recuperar un orden perdido y olvidado en el mes de junio. Aquel mes de intermedio entre el invierno y el verano en el que todo se prepara para el esperado descanso. Ahora toca empezar año nuevo. El otro día en la radio escuché a una locutora que afirmaba que su año empezaba en septiembre y no en enero, por lo que solía felicitar las Pascuas estos días.

Es el momento de ilusionarse con nuevos retos, de crearse nuevas expectativas y encontrar como objetivos nuevos logros. Dicen que los gimnasios se llenan dos meses al año: septiembre y enero. Supongo que será porque para muchos este mes es el inicio del año y que nuestro calendario nos da una segunda oportunidad tres meses después, por si no hemos aprovechado la primera. ¿Academias de inglés? ¿Gimnasios? ¿Dietas?

En mi localidad de residencia, el 14 de septiembre es la festividad grande, el día del patrón, y desde la infancia la recuerdo como la fecha del fin del verano. Esa es la noche en la que ya se saca la primera manga larga y las sábanas empiezan a necesitarse por la noche. Es el día en el que digo que “para mí ya llegó el invierno” y cambio los armarios, aunque aún venga otro mes de calor espantoso. Es momento de estrenar: libros, zapatos, estuches, chaquetas o ilusiones, que se precisan muchas de ellas. Y tener en cuenta algo importante: “lo peor es no intentarlo”. Y esta frase no es mía. La he tomado prestada de una persona dirigiéndose a mí. Y tiene razón. Ya empieza un nuevo año y hay que aprovecharlo al máximo. 

amacrema

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