NOVIEMBRE, SWEET NOVEMBER

En esta tarde de noviembre me ha venido al recuerdo la escena de Celia observando la lluvia caer tras el cristal y estar ella muy aburrida. Yo no estoy aburrida, pero no puedo ignorar que me he quedado embobada viendo la lluvia. Ya ha comenzado noviembre y confieso que es el mes del año que más me gusta. Supongo que será porque empezamos verdaderamente a sentir el frío invernal. Por eso, estoy dispuesta a disfrutarlo.

Acabo de recibir la portada del nuevo número de la revista Siembra. Salgo nuevamente en la portada y no niego que me asusta un poco. No es algo a lo que esté acostumbrada, pero a este paso se terminará convirtiendo en algo peligrosamente usual. El Siembra es una revista local en la que, sin planteármelo, he empezado a colaborar activamente. A veces hay cosas que no planeas, pero llegan sin más.

Recuerdo la fecha en la que mi vida literaria dio un vuelco. Fue tras ganar un premio literario sobre relatos de mujer con veinte años. Lo que más llamó la atención del jurado fue mi juventud. Nunca había ganado alguien tan joven el concurso. Me alegró saberlo, pero tampoco le di gran importancia a aquello. Días antes de que se hiciera público, me puse en contacto con una revista literaria para poder publicar, pero no recibí respuesta. Tras aquel concurso, varias puertas se abrieron para mí. Me hace feliz que, poco a poco, con esfuerzo pueda sentir el inicio de mi carrera literaria. Me gusta escribir, y lo hago porque sí, aun sabiendo que lo que escribo no lo leerá nadie. Por eso tengo cientos de cuadernos escritos por todas partes.

Sin embargo, desde aquel premio sostuve la idea de que lo que escribía podría interesarle a alguien, gustarle, desear leer más cosas. Por eso no he dicho que no a nada que me han propuesto. De aquel concurso surgieron otros más y el motivo por el que aparezco, por segundo año consecutivo, en la portada de la revista Siembra es, precisamente, haber quedado finalista en un concurso literario. Supongo que me están dando esa primera oportunidad para publicar, hacer públicos mis escritos y que todos que lo deseen puedan leerlos.

Aunque no queda todo ahí, porque cuando una ventana se abre dejas abierto tu talento, tu creatividad, tus gustos, tu potencial, y una ventana abierta da apertura a otras más. Puedo decir ahora que me siento en ese punto, algo temblorosa porque no quiero decepcionar a aquellos que confían en mí y quiero estar a la altura de los que me apoyan. Ya os iré contando los nuevos proyectos, las nuevas tareas que son una oportunidad para mí. No puedo negar la veracidad de esas palabras de Santa Teresa que siempre llevo conmigo: la paciencia todo lo alcanza.

Por eso, desde el otro lado de esta pantalla del ordenador, quiero daos fuerza y paciencia para todo aquello que os propongáis. Tal vez las cosas sean difíciles; imposibles, sí por qué no. Pero, como alguien me dijo una vez, no te digas que no a ti mismo, deja al menos que te lo digan los demás. Las cosas si no se intentan no se puede saber si saldrán bien o mal. De hecho, si salen mal a la primera tal vez salgan bien a la segunda, o a la tercera… Si no probamos, nunca sabremos.

Os dejo para ver con atención Carlos, rey Emperador, porque es una serie que me enseña y a veces es de agradecer este aprendizaje indirecto que nos aporta la televisión.

Sed muy felices.

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