RUTAS LITERARIAS

En la mayoría de los casos leemos los libros sin fijarnos demasiado en los paisajes que describen los escritores. De hecho, suele ser esa parte la más aburrida a la hora de enfrentarse a la lectura. ¿Por qué sino son muchos los lectores que abandonan libros como La Regenta antes de llegar al quinto capítulo? Son esas descripciones de lugares o de ambientes de la naturaleza los que dan realidad a las historias de las novelas. Los personajes cobran vida y se mueven por ambientes que son para ellos tan conocidos como para nosotros nuestra casa, nuestra calle o el supermercado más cercano. 

A lo largo de la historia, los escritores se han preocupado mucho en ambientar fielmente sus historias en parajes reales que puedan ser reconocibles por los lectores con el fin de otorgarle mayor verosimilitud a su relato. Un ambiente real y un contexto histórico adecuado son claves para que una novela tenga éxito. Y de eso saben mucho los escritores.
Benito Pérez Galdós se sentaba en los bancos madrileños para observar su sociedad y sus calles y después plasmarlos fielmente en sus novelas. Pasearse por la zona de la Plaza Mayor de Madrid es reconocer las calles por donde pasearon Don Juanito Santa Cruz y Jacinta, aunque sepamos con son simplemente entes de ficción. Y autores hispanoamericanos como el recién desaparecido Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa quienes aprovechan su fama mundial para enseñar a sus lectores europeos los países donde ellos viven y, de paso, criticar la situación tan bélica y pobre de sus lugares de origen. ¿Quién no ha soñado con visitar los lugares que inspiraron la bella ciudad de Macondo?
Nuestra sociedad actual, tan capitalista y materialista, está aprovechando esos ambientes literarios para atraer al turista que quiere conocer por dónde se han movido sus personajes favoritos. Es por ello por lo que ahora el  “boom” de El tiempo entre costuras está llevando a muchas españolas a visitar las marroquíes ciudades de Tánger o Tetuán y disfrutar de una cultura oriental que antes no estaba tan de moda. 

Tenemos el privilegio de contar con uno de los países que más ha inspirado a los literatos. Hemingway no podría negar que le apasionaba España y que muchas tradiciones de nuestro país y muchos lugares han salido de nuestras ciudades. No obstante, contamos con una riqueza literaria extraordinaria. Por ello, no hay zona española que no cuente con su particular “ruta literaria”. Son muchos los que aprovechan estos días de vacaciones para conocer los parajes por donde paseaba doña Ana Ozores por Oviedo; o pernoctan en algún pazo como los personajes de Emilia Pardo Bazán. 

La ciudad de Salamanca ha sido un lugar clave de inspiración para numerosos escritores. Desde que Lázaro de Tormes explicó sus aventuras por esta ciudad, autores como Cervantes, Lope de Vega, Fernando de Rojas y su Celestina o José de Espronceda con su famoso Estudiante de Salamanca consideraron esas calles sinuosas y esos edificios tan extraordinarios como ambientes perfectos para sus obras literarias. Antonio Machado pidió traslado a Salamanca para volver, junto a su compañero Miguel de Unamuno, a su añorada Castilla, años después de perder a Leonor y haberse trasladado a su Andalucía natal. Pero el destino quiso llevarlo a Segovia, perdiendo así esta gran ciudad a otro de los grandes de nuestras letras. 

Y no quiero terminar estas líneas sin hablar de la “ruta literaria” más cercana a mí: la ruta de don Quijote de la Mancha. Podemos ver los gigantes molinos de Montiel, velar las armas en una venta manchega o degustar los famosos duelos y quebrantos en la bella ciudad de Almagro mientras recordamos aquellas primeras líneas que decían: “en un lugar de la mancha…”. Llega el tiempo de vendimia y en las calles de los pueblos manchegos olerá a uva, sabrá a vino y se degustará el queso.

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